AD-mirar
Como la esperanza, la amargura, la soledad o el consuelo, la publicidad, a pesar de no tener nombre de mujer, también es femenina. Peca de exceso de narcisismo, afán de protagonismo, y crónicamente esquizofrénica desde que nació: en ocasiones coqueta y otras veces desaliñada, de cuando en cuando agradable y diariamente intrusiva, sincera y mentirosa, alegre y triste, culta e inculta, educada y soez, confiada y precavida… El cúmulo de sentimientos encontrados hace que sea sobre todo impredecible e imposible de conocer al 100%. Padece además el síndrome de la inestabilidad, propio de una adolescente que busca su camino dando tumbos de un lado a otro mientras se entretiene en demostrar todo lo que puede hacer por los demás. Está claro, las marcas, entre las que encuentra sus mejores amigas, le agradecen en muchas ocasiones el gesto generoso que tiene con ellas, aunque claro, haciendo gala de su propia enfermedad como si de algo presumible se tratara, casi siempre es bastante “putilla”; si quieres acostarte con ella, tienes que pagar. No suele perder el tiempo en pedir disculpas cuando su arrogancia traiciona los propósitos de los demás, aunque claro, tampoco le hace mucha falta, ya que sus bonitas piernas le hacen estar muy solicitada. Por ello, cuando menos te lo esperas es misteriosamente perdonada. Da la sensación que en estos tiempos está viviendo un periodo de convulsiones que, sin lugar a duda, le ayudará a madurar. Sin embargo, a pesar de que aparentemente parece más prescindible, se la mima más que antes y cuando se trata de pedirle ciertos favores, se le exige más que nunca. Por eso, aunque previsiblemente tendrá algún desmadre, no cabe duda que los dientes de leche y los pechos planos los perdió hace más tiempo del que ella misma se creía. Hoy la he visto cuando me he levantado y me ha parecido que tiene buen aspecto, estaba haciéndose hueco entre las noticias de cuatro; Cuando venía conduciendo me la he vuelto a encontrar y la verdad es que puedo intuir que no le gusta mucho la lluvia, parece ser que desluce bastante ese afán de protagonismo que tiene; Ahora mismo la estoy escuchando y me encanta la ironía con la que se ha despertado esta mañana. En fin, así es ella, una pesadilla necesaria para darnos cuenta cuando despertamos que la realidad también es mágica. Cómo la vemos nosotros, eso ya es otro cantar…

